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La mortificación del pecado III.

3 Parte. MIERCOLES 10/JUNIO/2015.
(Un estudio impartido en la IEL Vida Nueva I) Ps. Michel Fuentes
-Bosquejo tomado del libro, La mortificacion del pecado, de John Owen-

Título: El deber que cada creyente tiene.

Texto: Colosense 3:5.

Introducción: En las enseñanzas pasado, examinamos la segunda alternativa, o la segunda opción que nos muestra Romanos 8:13: si por el espíritu mortificáis o haced morirlas obras de la carne, viviréis.
Quiero pensar que este pasaje fue una clara introducción al mandato de mortificar al pecado en nuestra vida. Esto nos llevó a estudiar frase por frase el texto para su mayor comprensión. En este estudio fijaremos toda nuestra atención en una declaración que dije en las semanas pasadas: Los creyentes verdaderos, quienes realmente son libres del poder condenatorio del pecado (y de su exclavitud), no obstante, deben de ocuparse a lo largo de sus vidas con la mortificación del poder del pecado que todavía permanece en ellos.
Debemos de recordar que:
Hay una diferencia entre el pecado que reina y lo restos del pecado que reinaban. Déjeme explicar esto:
-La regeneración asegura que los creyentes no pueden continuar viviendo bajo el control del pecado, pero no significa la aniquilación o la destrucción de las raíces del pecado en su corazón. Entonces la regeneración no aniquila el pecado sino que produce un cambio en nuestra relación con todo pecado.
-Como creyentes tenemos el mandato en la Palabra de Dios de evitar cometer pecado, esto quiere decir evitar cometer algún acto que ataque la santidad que Dios requiere que tengamos.
Pecar nos es fallar simplemente, sino que es quitar el valor a lo más preciado que podemos adquirir, esto es a la santidad, entre más santo sea el creyente, más adecuada será su relación con Dios.
-El apóstol Pablo repite esta misma verdad cuando exhorta a los colosenses en Colosenses 3:5 que dice: Haced morir, pues, lo terrenal en vosotros: fornicación, impureza, pasiones desordenadas, malos deseos y avaricia, que es idolatría.
-De esto texto podríamos preguntarnos, ¿A quién se está dirigiendo Pablo?
-A aquellos que han resucitado con Cristo, según el cap. 3:1, o a aquellos que han muerto con Cristo, (3:3) o será a aquellos que serán manifestado con él en Gloria? (3:4), ¿Quiénes son?
-Mi hermano, mi hermano, ¿mortifica usted el pecado en su vida? Su vida depende de eso.
No deje de hacerlo, ni si quiera por un solo dia. Maté al pecado, o el pecado matara su paz y su gozo.
-Esto era lo que el Apostol Pablo hacia, 1 Corintios 9:27: sino que golpeo mi cuerpo, y lo pongo en servidumbre, no sea que habiendo sido heraldo para otros, yo mismo venga a ser eliminado.
-Si esta fue la practica diaria del gran Apostol Pablo (quien fue honrado con gracia, con revelaciones, con goces, con privilegios, con consuelos espirituales mas que otros) ¿Por qué suponemos entonces que estaremos exentos de la necesidad de hacer lo mismo?
-Si el apóstol no dejo de hacer morir lo terrenal en el, ¿Quiénes somos nosotros para ignorar este mandato?

Dejeme darle 6 puntos, para explicar el deber que cada creyente tiene, desde que se convierte a Cristo, hasta que se muere, y al final, dare

        I.            En primer lugar, mientras que estemos vivos. Los restos del pecado vivirán en nosotros.

En esta primera parte, tenemos que recordar lo que el apóstol Pablo dijo en Filipenses 3:12-13: No que lo haya alcanzado ya, ni que ya sea perfecto; sino que prosigo, por ver si logro asir aquello para lo cual fui también asido por Cristo Jesús.
Flp 3:13  Hermanos, yo mismo no pretendo haberlo ya alcanzado; pero una cosa hago: olvidando ciertamente lo que queda atrás, y extendiéndome a lo que está delante.
Nosotros también reconocemos que debemos renovarnos en el hombre interior de día en día, 2 Corintios 4:16 dice: Por tanto, no desmayamos; antes aunque este nuestro hombre exterior se va desgastando, el interior no obstante se renueva de día en día.
-En esta vida, ya como creyente, los restos del pecado moran en nosotros, es decir, somos perdonados del pecado, pero no somos perfectos completamente sino como dice la Palabra de Dios, tenemos cuerpo de muerte, del cual seremos librados hasta que nuestros cuerpos mueran, romanos 7:24 dice: ¡Miserable de mí! ¿Quién me librará de este cuerpo de muerte?
-Filipenses 3:21 nos dice: el cual transformará el cuerpo de la humillación nuestra, para que sea semejante al cuerpo de la gloria suya, por el poder con el cual puede también sujetar a sí mismo todas las cosas.
-Entonces admitimos que los restos del pecado permanecerán en nosotros, en grado mayor  o menos hasta el día de nuestra mente. Puesta que esta es la realidad, nuestra única alternativa es mortificar las obras de la carne, este es nuestro diario trabajo.
-La realidad es que no se nos ha mandado a preocuparnos del pecado, sino a matarlo y mantenernos firmes, hacia la santidad, leamos algunos versos de la Biblia:
-2Co 7:1  Así que, amados, puesto que tenemos tales promesas, limpiémonos de toda contaminación de carne y de espíritu, perfeccionando la santidad en el temor de Dios
-Gál 6:9  No nos cansemos, pues, de hacer bien; porque a su tiempo segaremos, si no desmayamos
-Hebreos 12:1: Por tanto, nosotros también, teniendo en derredor nuestro tan grande nube de testigos, despojémonos de todo peso y del pecado que nos asedia, y corramos con paciencia la carrera que tenemos por delante.
Recuerde, en primer lugar, mientras que estemos vivos. Los restos del pecado vivirán en nosotros.

      II.            Los restos del pecado en nosotros son constantemente activos mientras que vivamos, y están luchando continuamente para producir actos pecaminosos.
 Mis hermanos, cuando el pecado nos deje en paz, entonces nosotros lo podemos dejaremos en paz. Sin embargo esto no sucederá en esta vida.
Mientras tengamos pecado en nuestra vida, tenemos que luchar para vencerlo.
-El pecado es engañoso y sabe cómo aparentar que está muerto. No demos de olvidar que el pecado, siempre está obrando, todo el tiempo está activo. Que dice Gálatas 5:17: Porque el deseo de la carne es contra el Espíritu, y el del Espíritu es contra la carne; y éstos se oponen entre sí, para que no hagáis lo que quisiereis.
-El pecado contantemente se opone al Espiritu.
-Los deseo pecaminosos nos tientan y nos guian a pecar. A veces trata de persuadirnos a pecar, en otras ocasiones trata de impedir que hagamos el bien y aun en ocasiones trata de desanimarnos respecto a la comunión con Dios. Como Pablo no dice en Romanos 7:19: más el mal que no quiero eso hago; y el verso 18 dice: y yo sé que en mi (esto es mi carne) no mora el bien.
Esto es lo que detuvo a Pablo de hacer el bien, el pecado, por eso debemos de mortificarlo, todos los días.
El pecado es una fuerza maligna, que siempre esta maquinando en contra de nosotros y de Dios, está siempre tentando, y la única manera de vencerlo es mortificándolo, o haciéndolo morir, esa es nuestra única alternativa.
Hermanos, los restos del pecado en nosotros son constantemente activos mientras que vivamos, y están luchando continuamente para producir actos pecaminosos

    III.            Si el pecado no es frenado, si no es continuamente mortificado, entonces producirá pecados dominantes y escandalosos que dañaran nuestra vida espiritual.

El pecado siempre aspira a los peor. Mis hermanos, cada vez que el pecado se levanta para tentarnos o seducirnos, nos conducirá al peor pecado posible, si no es detenido.
-Por ejemplo, si el pecado pudiera convertir cada pensamiento sucio, cada mirada de lascivia en adulterio, lo haría.
-Un aspecto principal de la naturaleza engañosa del pecado, es la forma en que comienza con pequeñas demandas. Los primeros ataques y sugerencias del pecado, son siempre muy disfrazadas.
-Si el pecado tiene éxito en sus primeros avances,  entonces exigirá cada vez más, hasta que ver a una mujer hermosa bañándose, lleve a cometer adulterio, formar maquinaciones malvadas, y hasta cometer homicidio. Este fue el caso del rey David.
-Mis hermanos, si el pecado tiene éxito en sus primeros pasos, entonces repetirá su deseo cada vez más, una y otra vez, y cada vez será con más intensidad, hasta acabar con el corazón del hombre, y así quitar toda sensibilidad del corazón y endurecerlo por completo.
-La única cosa que puede impedir que el pecado siga progresando es la continua mortificación de él. Y déjeme decirle esto, aun los creyentes más santos en el mundo entero, caerán en los peores pecados si abandonan este deber.
Recuerde, si el pecado no es frenado, si no es continuamente mortificado, entonces producirá pecados dominantes y escandalosos que dañaran nuestra vida espiritual.
En cuarto lugar:
    IV.            Dios nos ha dado su Espíritu Santo y una naturaleza nueva para que tengamos lo medios necesarios para oponernos al pecado y sus deseos malvados.
La naturaleza pecaminosa esta firme es su determinación de pelear contra el Espíritu Santo y contra la naturaleza nueva que Dios ha dado al creyente, pero no olvidemos también que, El Espíritu lucha también contra la carne, (Gálatas 5:17). 2 Pedro 1:4-5 dice: por medio de las cuales nos ha dado preciosas y grandísimas promesas, para que por ellas llegaseis a ser participantes de la naturaleza divina, habiendo huido de la corrupción que hay en el mundo a causa de la concupiscencia;
2Pe 1:5  vosotros también, poniendo toda diligencia por esto mismo, añadid a vuestra fe virtud; a la virtud, conocimiento.
-Es una lucha pero no es una lucha imposible.
-Mis hermanos, si no usamos el poder del Espíritu Santo y la naturaleza nueva para mortificar el pecado cada día, entonces descuidamos el remedio perfecto que Dios nos ha dado contra este gran enemigo.
John Owen dice: “Si nosotros fallamos en hacer uso de lo que hemos recibido, Dios será perfectamente justo si rehúsa darnos más. Tanto las gracias de Dios como sus dones, nos han sido dados para usarlos, desarrollarlos  y mejorarlos. Si algún creyente falla en mortificar el pecado diariamente, está pecando contra la bondad, la sabiduría y la gracia de Dios quien le ha dado los medios para hacerlo.
-Entonces, Dios nos ha dado su Espíritu Santo y una naturaleza nueva para que tengamos lo medios necesarios para oponernos al pecado y sus deseos malvados

      V.            El descuido de este deber conduce al decaimiento de la Gracia en el alma y al florecimiento de la naturaleza pecaminosa.
No hay forma más segura para caer en pecado, que el descuidar este deber.
-EL ejercitarnos en la gracia y la victoria que este ejercicio nos da, fortalece la gracia en el corazón. Debemos de ejercitarnos espiritualmente para que nuestro espíritu este fuerte contra el pecado y así pueda resistirlo.
-Cuando el pecado obtiene una victoria considerable, esto debilita la vida espiritual del alma. Leamos algunos versículos:
-Salmo 31.10: Porque mi vida se va gastando de dolor, y mis años de suspirar;
 Se agotan mis fuerzas a causa de mi iniquidad, y mis huesos se han consumido.
-Salmo 51:8: Hazme oír gozo y alegría,
 Y se recrearán los huesos que has abatido.
-Salmo 38:3-5 dice: Nada hay sano en mi carne, a causa de tu ira;
 Ni hay paz en mis huesos, a causa de mi pecado.
Sal 38:4  Porque mis iniquidades se han agravado sobre mi cabeza;
 Como carga pesada se han agravado sobre mí.
Sal 38:5  Hieden y supuran mis llagas,
 A causa de mi locura

    VI.            Sin el cumplimiento de este deber los demás deberes de la vida cristiana no puede ser cumplidos.


Conclusión: Nuestro deber es vencer el pecado, o él nos vencerá a nosotros, solo podemos hacerlo con nuestra nueva vida en Cristo y con la ayuda del Espíritu Santo.

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